Nuestros pies nos llevan de un lado para otro, suben, bajan, los pateamos contra el suelo y, con frecuencia, pagamos sus servicios metiéndolos en un calzado opresivo y asfixiante. La Asociación Americana de Cirugía Ortopédica (AAOS) señala que uno de cada siete estadounidenses (más de 43 millones) tiene problemas en los pies y, en la mayoría de los casos, se debe a un calzado inadecuado. Por muy preparados que estén para soportarlo, acaban por rebelarse y avisan de que pagaremos tanto exceso. Otras veces, los síntomas son indicadores de problemas generales de salud. Estas son algunas de las señales que nos envían y las claves para entenderlas:

Pies fríos 

Antes de que su imaginación se lance a la búsqueda de males, deténgase a valorar la temperatura ambiental, si el calzado es el adecuado, si hay humedad... Pero, “si los pies permanecen fríos a pesar de que el ambiente esté caluroso, y con sensación de adormecimiento, hay que pensar que esta situación puede deberse a alteraciones en las arterias que impiden la llegada normal de sangre”, apunta Sagredo. “La frialdad en los pies con sensación de adormecimiento suele responder a una mala circulación de la sangre”, añade. El tabaquismo, la predisposición familiar y algunos medicamentos (como los anticonceptivos) pueden estar detrás de este problema.

Calambres 

“Son contracciones bruscas de los músculos de los pies y piernas que producen un dolor intenso. Con frecuencia aparecen por la noche y suelen durar varios minutos”, explica Julio Sagredo, coordinador del grupo de Diabetes de la Sociedad Madrileña de Medicina Familiar y Comunitaria. “La causa más habitual de estas contracciones dolorosas es la práctica de ejercicio sin el adecuado calentamiento previo, o excesivamente intenso. También aparecen en situaciones de estrés y mientras dormimos, si tenemos un mal sueño o hacemos movimientos bruscos”. También son síntomas, poco frecuentes, de un deficiente aporte sanguíneo a los músculos, alteraciones en los nervios de los pies o diabetes.

'Juanetes'

Esas dolorosas y antiestéticas protuberancias de la articulación del dedo gordo cuyo nombre oficial es Hallux valgus, y que tiene entre el 2% y el 4% de la población. Suele aparecer en la adolescencia y se agravan con los años. Es más frecuente en las mujeres y afectan a los dos pies, según informa el Instituto Valenciano del pie en su página web. Los juanetes se heredan y con el paso del tiempo pueden acabar deformando el pie. Por ello, es fundamental adoptar medidas que impidan su progresión, o al menos ralentizarla, entre las que están las plantillas, cambios de calzado, incluso vendajes y fisioterapia. “Las opciones de tratamiento dependen del grado de deformidad y del dolor que sienta el paciente”, informa el Instituto. La cirugía es el único tratamiento que resuelve definitivamente el problema.


Dolor en el talón

 Pisar apoyando primero los talones es una ventaja evolutiva del ser humano que nos permite ahorrar energía, según un estudio de las Universidades de Utah (Estados Unidos) y Jeta (Alemania). Sin embargo, los talones se han convertido en uno de nuestros puntos flacos, y es muy frecuente desarrollar fascitis plantar (inflamación del ligamento largo que se encuentra bajo la piel en la planta del pie). La AAOS apunta a la tensión en los gemelos, arco del pie demasiado pronunciado, obesidad, deportes de impacto (correr) o actividades físicas nuevas o intensificadas como las causas más frecuentes de este problema. Un médico determinará el alcance de la lesión, pero lo normal es que en el 90% de los casos se resuelva el problema con medidas conservadoras que incluyen: disminuir o abandonar durante un tiempo las actividades deportivas de impacto, aplicar hielo local, tomar antiinflamatorios (tipo ibuprofeno), hacer ejercicios de estiramientos, utilizar zapatos con suela gruesa y que amortigüe los golpes, plantillas de silicona e incluso infiltraciones de corticoides. La asociación recomienda cirugía solo cuando el dolor no desaparece después de un año con estas las medidas.


Uñas blancas y huecas

 Las uñas de los pies soportan numerosas agresiones (humedad excesiva, infecciones, presión de los zapatos, golpes) pero también acusan el impacto de enfermedades del corazón, el pulmón o los riñones. Cuando la uñas pierden su color, su forma o se separan del dedo se denomina onicodistrofia y el 33% de casos se debe a infección por hongos (onicomicosis). Para evitar estos problemas, el primer paso es usar el calzado adecuado, y después secarlas bien y cortarlas cuidadosamente. “Para cortar y cuidar la uñas podemos necesitar ayuda de profesionales podólogos porque puede resultar difícil por su forma o su dureza y si lo hacemos mal podemos provocar heridas y empeorar la situación”, advierte el doctor Sagredo.


Opresión por calcetín invisible

 Cuando el pie está hinchado y la piel tensa lo más frecuente es que se trate de un edema, según el facultativo, debido a retención de líquidos o a problemas de retorno de la sangre de los pies al corazón a consecuencia de varices o alteraciones en la fuerza de contracción cardiaca, entre otras causas. Para aliviarlo, la web de la Clínica DAM, en Madrid, recomienda elevar las piernas mientras duerme, usar medias de descanso o seguir una dieta baja en sal. También es normal que los días previos a la menstruación muchas mujeres noten esta retención de líquidos en los pies por un efecto de los cambios hormonales normales en cada ciclo. “Si el edema persiste es necesario consultar con el médico para haga una valoración y aconseje sobre su remedio”, aconseja Sagredo.


Picor y puntos rojos

 Sobre todo en verano, los pies están expuestos a numerosos agentes que pueden producir irritaciones. “Cuando se unen el picor y las lesiones de color rojo, lo más habitual es que se trate de una dermatitis por irritación con infamación de la piel”, comenta Julio Sagredo. Su recomendación: evitar la causa de la irritación (por ejemplo, caminar descalzos por la hierba), no rascarse y usar crema hidratante. También es recomendable enfriar los pies. Lo esperable es que el cuadro mejore en dos días. Cuando vemos puntos rojos sin picor, “pueden ser 'puntos rubí', pequeñas dilataciones de los capilares que están debajo de la piel y nos dejan ver la sangre. Salvo raras excepciones no tienen importancia y suelen verse a partir de los 40 años”. Es un problema que se puede eliminar o disimular con técnicas de medicina estética.


Dolor en el dedo gordo 

La visión de un dedo gordo enrojecido, inflamado, caliente y doloroso lleva a pensar inmediatamente en un ataque de gota, “una inflamación articular muy dolorosa que sucede cuando los cristales de ácido úrico se acumulan en una articulación”, detalla Julio Sagredo. Los hombres, y sobre todo si tienen sobrepeso, son más propensos a tener gota. El ácido úrico es un producto que se forma en el metabolismo normal del organismo y que debe ser eliminado por los riñones en la orina. Sin embargo “sube en la sangre cuando los riñones no lo eliminan bien, cuando se come gran cantidad de carnes rojas o marisco y, sobre todo, si se toma alcohol en exceso”.


Heridas persistentes 

“Si una herida en el pie no cura debemos consultar con nuestro médico”, subraya este experto en diabetes. Los problemas circulatorios son más frecuentes en esta parte del cuerpo, por lo que es más difícil que lleguen los factores de coagulación y las células que protegen de las infecciones que contiene la sangre, de forma que “sin estas sustancias, la herida tiene muchas posibilidades de infectarse y no curarse”. También puede pasar que sea un problema de alteración de los nervios, como sucede en la diabetes, que provoca que el pie sea menos sensible al dolor de manera que “podemos pasar varias horas con una piedrecita en el zapato y acaba por hacer una herida que tardará mucho tiempo en cicatrizar”.

http://elpais.com/elpais/2016/07/22/fotorrelato/1469190941_464700.html#1469190941_464700_1469191269

Publicado: 15 de Noviembre de 2016